
Desde: Barcelona (cubana)
Datos socio-demográficos: cubana, negra, 31 años, soltera, sin hijos, hija de Sira y Emilio.
Profesión: Sembradora de Amor.
Mi vida ha sido un continuo encuentro de posibilidades y aparentes coincidencias. He tejido un camino bonito vinculado al crecimiento personal a través de la expresión corporal, la danza y la biodanza y aún sigo andando pasito a pasito, mientras se asoman a mi ruta duendes, amig@s, hadas, magos, ninfas, ángeles guardianes y fértiles creadores… y sigo, pasito y por eso hoy escribo para mujeres que kbuscan.
Os cuento que nací en Cuba. Tenía el cordón umbilical enredado en el cuello con cuatro vueltas –un collar: mi primer tocado de bailarina- que le costó a mi madre largas horas de parto y dolor. Nací morada como la berenjena, sin fuerzas para respirar, pero con unas alas enormes (ganglios retroauriculares inflamados diagnosticó un médico)… Así empezó todo.
De pequeña, una de mis mayores pasiones era estar horas y horas bailando. A veces sola. A veces con un público escurridizo que ataba a los árboles, hasta que mi abuela enfadada acababa la función –me aplaudían, (no te rías, lo sé…), las gallinas, los cerdos, perros y todos los bichos que vivían en el patio de casa.
Así con el tiempo descubrí que moverme, danzar me hacía bien, y se quedó dentro de mí la semilla. Una semilla que ha estado esperando el momento para nacer a la luz. La llevé en las manos a Honduras mientras escribía radionovelas educativas para garífunas. La incrusté en mis cabellos mientras colaboraba con médicos cubanos en Haití haciendo reportajes. La eché en la maleta, y la traje a Barcelona, donde por “casualidad” conocí la Biodanza. Una técnica que integraba mis dos pasiones: bailar y ayudar.
Durante tres años me formé como Facilitadora de Biodanza, Sistema Rolando Toro, con Luis Otavio Pimentel, un excelente Facilitador de mucha experiencia y calidad humana. Y bebí de sus manos muchos conocimientos, y viví con mi grupo de formación momentos que cambiaron mi manera de pensar, y de percibirme a mí misma.
La Biodanza sanó mis sueños. Recuperé la posibilidad de mirarme al espejo directamente a los ojos y decir: “Te amo, Yasnaya”. Aprendí a esperar.
La Biodanza me enseñó a crear de la aparente nada. Ahora disfruto dando y recibiendo caricias. Durante las sesiones el Amor me mostró mil dimensiones y posibilidades. Respete la Vida y me maravillé ante su sacralidad y belleza.
Y sobre todo bailé por muchas horas mientras expresaba las líneas de vivencia de la Biodanza: la vitalidad, la creatividad, la trascendencia, la afectividad, la sexualidad. Pido disculpas si os suena a chino, son verborrea técnica que me aventuro a resumir en una frase: bailé mi Vida.
Ahora estoy en Barcelona. Hago sesiones de Biodanza para distintos públicos, instituciones y soy miembro de la Asociación Ítakas –que trabaja por la inclusión social de mujeres- y sigo creyendo que voy por el camino correcto aprendiendo y dando las gracias. Sembrando Amor.
Como Martin Luther King tengo un sueño: “Espero que algún día nos encontremos haciendo Biodanza, tomad@s de las manos y construyendo un mundo más amoroso, digno, libre, pleno, bonito, justo…”
Puedes leer más sobre Biodanza en mi Blog: Viva la Biodanza http://vivalabiodanza.wordpress.com/









